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Si sufres una enfermedad reumática, ten en cuenta estas recomendaciones en verano

Las altas temperaturas o los desplazamientos propios de las vacaciones inciden en estas dolencias.
Mariola Báez. Si sufres una enfermedad reumática, ten en cuenta recomendaciones de cara al verano.

El verano ya está aquí y aunque pensamos que el dolor articular y de “huesos” se intensifica con el frío, no siempre ocurre así. Los reumatólogos recuerdan que existen más de 200 enfermedades consideradas reumáticas. Algunas, como la artritis reumatoide, la artrosis o la lumbalgia son conocidas por su mayor prevalencia, en cambio otras, como el Síndrome de Sjögren o la espondilitis anquilosante, bastante menos. Cada una tiene síntomas específicos y para algunos enfermos, el verano supone dificultades añadidas a la hora de llevar la patología.

Consejos importantes para pacientes reumáticos en verano
Algunas de las recomendaciones que indica la Sociedad Española de Reumatología (@SEReumatología) hacen referencia a los viajes y desplazamientos. En este sentido, la Sociedad recuerda la importancia de llevar siempre un informe médico actualizado que incluya el diagnóstico de la enfermedad y también el tratamiento médico farmacológico que se está siguiendo. Llevar la medicación necesaria, incluso de sobra, por si, debido a los cambios, se produjese un brote que la requiriese, también es importante.

Por supuesto, si se viaja a un país que, por sus características y enfermedades endémicas, requiere, por precaución, una determinada vacuna, deberá recibirse con la suficiente antelación en un centro de vacunación internacional (padezcas o no una enfermedad reumática).

Respecto al trayecto en sí mismo, hay que insistir en la necesidad de parar cada dos horas si se viaja en coche. Es el momento perfecto para andar unos minutos y hacer que las articulaciones realicen un mínimo ejercicio, que favorezca, además, la reactivación de la circulación sanguínea. En un viaje largo en avión, también es posible dar unos pasos por el pasillo. Las personas diagnosticadas de síndrome antifosfolípido, debe extremar las precauciones en este sentido por el riesgo de trombosis que puede suponer permanecer largas horas sentados sin moverse.

Incidencia solar
El sol, del que tanto gusta disfrutar en verano, va unido a las altas temperaturas y, en muchas ocasiones, a la mayor sequedad ambiental. Estos condicionantes no son los mejores para personas cuyas patologías reumáticas tengan como síntomas la sequedad en los ojos o en la boca, como ocurre, entre otras con el Síndrome de Sjögren. El uso de gafas de sol, intentar evitar en lo posible los aires acondicionados y recurrir a la aplicación frecuente de gotas específicas (lágrimas artificiales) son sencillas medidas que pueden resultar muy útiles.

También las personas con algún tipo de enfermedad reumática que presenten distintas manifestaciones dérmicas, como el lupus, no deben exponerse de forma directa al sol.

Por último, las tentaciones gastronómicas veraniegas, en forma de bebidas alcohólicas refrescantes o ricas barbacoas, con piezas contundentes de carne roja, deben controlarse, especialmente en el caso de personas que sufren gota.

Fuente: 65ymás.com

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