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La nueva Reumatología

Bartolomé Beltrán Jefe de servicios médicos A3Media. Las enfermedades reumáticas son muy frecuentes en la población y se han descrito cerca de 200. Se trata de patologías que afectan al aparato locomotor, produciendo dolor en zonas como los huesos, músculos, ligamentos y articulaciones. Por ello, los síntomas reumáticos son muy frecuentes en la población. Se trata de una de las causas más frecuentes de consulta en Atención Primaria junto con las infecciones respiratorias y las enfermedades cardiovasculares. De hecho, según datos de la Sociedad Española de Reumatología (SER) el 33 por ciento de la población consulta al médico por problemas osteomusculares.

Sólo en nuestro país, las enfermedades reumáticas (más conocidas como reumatismo o reuma, en general) son patologías muy prevalentes y afectan al 25 por ciento de los mayores de 20 años.

El tratamiento de estas enfermedades ha experimentado considerables variaciones en la última década y ha pasado de un abordaje conservador, que sólo buscaba aliviar los síntomas clínicos, a uno mucho más avanzado que permite limitar la destrucción articular y por tanto la discapacidad. El informe “El valor del medicamento en la enfermedad reumática” elaborado por Farmaindustria, recoge la variedad de tratamientos existentes, desde analgésicos y antiinflamatorios convencionales hasta los fármacos modificadores de la enfermedad (FAME) y, más recientemente, las terapias biológicas.

En relación a la artritis reumatoide las terapias biológicas han sido los primeros fármacos que han superado en eficacia al metotrexato, referente en reumatología desde los 80 del siglo pasado. En cuanto a las espondiloartritis o espondiloartropatías, prácticamente no se disponía de fármacos a excepción de los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), que no eran capaces de enlentecer la evolución de la enfermedad en elevado número de pacientes. Mención aparte se merece la artritis psoriásica, donde los biológicos se han mostrado más eficaces que los tratamientos habituales. Aunque el coste de éstos es superior al de otros tradicionales, hay estudios que demuestran una excelente relación coste-efectividad.

Si bien el mecanismo de acción de los biológicos puede reducir la capacidad del paciente para hacer frente a infecciones o detección y eliminación de células malignas, los estudios epidemiológicos han demostrado que una vigilancia estrecha consigue minimizar este riesgo y garantizar una seguridad que inclina la balanza a favor del uso de estos fármacos.

Si miramos al futuro, el reto de los tratamientos pasa por los anticuerpos antifármaco biológico. Se trata de un factor que se asocia a menor eficacia y aumento del riesgo de reacciones de hipersensibilidad. Su determinación y valoración permitirá un uso más efectivo y personalizado de los tratamientos disponibles. Otra apuesta son los inhibidores de JAK. Se han dado pasos importantes con el desarrollo de inhibidores enzimáticos, así como en la investigación y desarrollo de anticuerpos monoclonales dirigidos contra el complejo del receptor de la IL-6, que permiten nuevas vías de tratamiento. Es lo que hay. Seguro.

Su tratamiento ha cambiado en la última década y ha pasado de un abordaje conservador, a uno mucho más avanzado que permite limitar la destrucción articular.

Fuente: El Global

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