A pesar de que la artritis y la artrosis son patologías relacionadas con las articulaciones existen una serie de diferencias entre ellas.

La artritis es una enfermedad autoinmune que origina dolor, hinchazón, rigidez y pérdida de función en las articulaciones. El dolor articular inflamatorio se presenta durante toda la jornada diaria del paciente, siendo de gran intensidad durante la noche. El dolor no mejora con el reposo. Se presentan síntomas extra articulares como fiebre, cansancio, fatiga, etc. Otra característica de la artritis es la aparición precoz de atrofia muscular alrededor de la articulación inflamada. Se puede presentar a cualquier edad, incluso en la niñez.
Mientras que la artritis produce deformidad fácilmente, la artrosis no suele alterar los ejes de la articulación.

La artritis afecta a una serie de articulaciones diferentes que la artrosis: codos, tobillos, articulaciones metacarpofalángicas y articulaciones escapulohumerales. Las articulaciones en las que aparece con mayor frecuencia la artritis son en manos, pies, rodillas y caderas. En la artrosis las localizaciones más frecuentes son la columna lumbar, cervical, manos, rodillas y caderas.

La artrosis es una enfermedad degenerativa de las articulaciones que ocasiona el desgaste del cartílago, que es uno de los tejidos que forman las articulaciones. El dolor empeora con el ejercicio y la rigidez se limita a cambios posturales. La inflamación puede aparecer como consecuencia de la degeneración, pero no es lo habitual. A diferencia de la artritis, la rigidez articular suele ser localizada y transitoria. Es más común que se presente a partir de los 40 años.

En primer lugar es importante dejar claro que es esencial alcanzar el diagnóstico precoz para disminuir la aparición de lesiones en las articulaciones, por lo que ante un dolor articular y sospecha de artritis es fundamental consultar al reumatólogo, ya que los síntomas de la Artritis Reumatoide pueden ser similares al de otras enfermedades.

Para diagnosticar a un paciente de Artritis Reumatoide se exige la presencia de al menos 4 de los 7 criterios siguientes, debiendo estar presente los 4 primeros durante más de 6 semanas:

1.- Rigidez matutina alrededor de las articulaciones, especialmente en las manos, durante al menos una hora.
2.- Inflamación articular en tres o más articulaciones. Supone la presencia de inflamación, aumento de partes blandas o derrame articular de forma simultánea en al menos tres de las siguientes áreas: manos, muñeca, codo, rodilla, tobillo, metatarso-falángicas en pies.
3.- Inflamación de articulaciones de las manos. Debe darse en alguna de las siguientes articulaciones: metacarpo-falángicas, interfalángicas proximales o muñeca.
4.- Artritis simétrica.
5.- Nódulos reumatoideos.
6.- Factor reumatoide en sangre positivo.
7.- Cambios radiológicos. Erosiones u osteoporosis regional en la radiografía póstero-anterior de mano y muñeca.

Este diagnóstico se basa en la historia clínica y en un examen físico del paciente, que incluye los siguientes aspectos:
– Análisis de sangre para detectar la presencia del anticuerpo denominado factor reumatoide, que puede ser un indicio de la enfermedad, pero no es concluyente. Además, es posible detectar otras cuestiones como anemia, proteína C reactiva (PCR), velocidad de sedimentación de eritrocitos (VRS), anticuerpos anti PCC.
– Radiografía para verificar si hay pérdida de hueso en los márgenes de las articulaciones combinadas con pérdidas de cartílago.
– Aspiración articular, es decir, se analiza el líquido extraído de la articulación.
– Biopsia de nódulos. Consiste en la extracción de muestras de tejidos para proceder a un examen microscópico.

Existen cinco grupos de medicamentos con características y funciones diferenciadas.

Será el reumatólogo quien decida cuál es el más beneficioso en cada paciente teniendo en cuenta su evolución y pronóstico.

• Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs). Disminuyen el dolor, la rigidez y la inflamación de las articulaciones. Mejora la sintomatología, pero no frena la enfermedad ni evita la destrucción de las articulaciones. El efecto secundario más habitual es la toxicidad digestiva. También pueden darse complicaciones cardiacas en pacientes con hipertensión arterial no controlada y con antecedentes coronarios.
• Antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAMEs). Mejoran los síntomas, frenan la enfermedad y ralentizan la destrucción y deformidad de las articulaciones. Incluyen:
– Metrotexato. Es el fármaco de los FAMEs más utilizado, por su eficacia y por sus escasos efectos secundarios. Entre estos efectos adversos estarían la toxicidad hepática y las úlceras bucales.
– Leflunomida. Efectos secundarios: toxicidad hepática, diarrea y caída de cabello.
– Salazopirina. Efectos secundarios: molestias gástricas.
– Sales de oro intramusculares. Efectos secundarios: toxicidad cutánea, úlceras bucales y albúmina en la orina.
– Antimaláricos. Efectos secundarios: toxicidad ocular e hiperpigmentación cutánea.
–  Ciclosporina A. Efectos secundarios: hipertensión arterial e insuficiencia renal.
• Glucocorticoides. Fármacos derivados de la cortisona que con un uso controlado y por espacios cortos de tiempo son muy útiles en el tratamiento de la AR. Efectos secundarios: osteoporosis, cataratas, diabetes, etc.
• Fármacos biológicos. Suponen el principal avance terapéutico en la AR. Se producen a partir de cultivos celulares. Modifican la enfermedad, ya que actúan en el sistema inmunológico bloqueando la acción de sustancias que producen la inflamación. Efectos secundarios: infecciones, reacciones alérgicas. Los fármacos biológicos utilizados para la AR son:
– Inhibidores del TNF: ETANERCEPT, INFLIXIMAB y ADALIMUMAB. Bloquean la sustancia TNF, liberada por células del sistema inmunológico que interviene en el proceso inflamatorio.
– Fármacos que actúan sobre las células B y T: RITUXIMAB actúa sobre las células B, una de las principales implicadas en el proceso inflamatorio. ABATACEPT actúa sobre las células T. Son eficaces en pacientes que no han respondido bien a los inhibidores del TNF.
– Inhibidores de la interleuquina 6 (IL-6): TOCILIZUMAB actúa inhibiendo la acción de la interleuquina 6, una molécula importante en la regulación de la inflamación.
• Otros fármacos. Tienen un papel secundario en el tratamiento de la AR, como analgésicos, relajantes musculares, antidepresivos.

La calidad de vida de las personas con AR puede mejorar manteniendo un equilibrio entre reposo y ejercicio.

El reposo prolongado no es aconsejable, ya que disminuye la movilidad articular, produce debilidad muscular y osteoporosis. Sin embargo, el ejercicio físico moderado tiene múltiples beneficios: ayuda a disminuir el dolor, la rigidez y la fatiga, fortalece los músculos y los huesos, aumenta la flexibilidad y la energía, y mejora la sensación de bienestar.

Ejercicios recomendables:
– Ejercicios de amplitud. Contribuye a mantener el movimiento de las articulaciones y a aliviar la rigidez. Por ejemplo, caminar recorridos cortos de forma frecuente.
– Ejercicios de fortalecimiento. Favorece el desarrollo de la fuerza muscular. Por ejemplo, montar en bicicleta.
– Ejercicios aeróbicos. Ayuda a mejorar la resistencia física, fortalecer el corazón, los pulmones y el sistema circulatorio, reduce la tensión arterial, aumenta los niveles de colesterol protector, reduce los triglicéridos en sangre, aumenta la energía, disminuye el estrés, mejora la calidad del sueño y descanso nocturno, reduce el exceso de grasa corporal, aumenta la densidad mineral del hueso, etc. Para obtener beneficios debe realizarse durante al menos 20 minutos, tres veces a la semana. A aquellos pacientes con riesgo de sobrecarga articular se les recomienda realizar ejercicio aeróbico progresivo, de intensidad moderada-baja y de manera habitual, como nadar, bailar, bicicleta estática, etc.
Los ejercicios acuáticos y la natación son muy adecuados para pacientes con AR.

En episodios de brotes es aconsejable un reposo más prolongado o el reposo de ciertas articulaciones en postura funcional. En estos casos lo más adecuado es realizar ejercicios de movilidad pasivos y contracciones musculares isométricas (contracción mantenida muscular sin movimiento articular).

– Adherencia al tratamiento. En este punto nos ayudará planificar la visita con el reumatólogo haciendo una lista con nuestras dudas, intentar ir acompañado de otra persona que nos ayude, responder con sinceridad a las preguntas del reumatólogo, preguntar por los efectos secundarios de los medicamentos y por aquellas cuestiones que no nos hayan quedado claras.
– Disminuir el estrés.
– No fumar.
– Llevar una alimentación sana y equilibrada rica en verduras, hortalizas y frutas, evitando el sobrepeso con un consumo moderado de grasas, harinas y azúcares.
– Reposo de las articulaciones.
– Descanso nocturno de unas 8 horas.
– Ejercicio aeróbico al menos tres días a la semana durante 30 minutos.
– Mantener un equilibrio entre el reposo y la actividad.
– Moderar las tareas físicas y domésticas.
– Usar un calzado adecuado que sujete y no comprima las articulaciones.
– Pedir ayuda cuando la necesitemos.
– Vigilar las posiciones de las articulaciones.
– No permanecer en una misma posición durante un tiempo prolongado.
– Evitar los trabajos repetitivos con sobrecarga en una articulación.
– Escuchar al propio cuerpo.
– Usar las articulaciones más grandes y fuertes.
– Distribuir el peso en varias articulaciones.
– Utilizar férulas de descanso.

A continuación desmentimos algunos de los numerosos mitos que existen en torno a esta enfermedad.

a) La artritis es reuma.
Es importante aclarar que aunque es habitual escuchar cómo las personas relacionan el Reuma con los dolores del aparato locomotor, el Reuma no es una enfermedad. Es más, el Reuma no existe. De lo que sí podemos hablar es de enfermedades reumáticas como la artritis, la artrosis, etc., siendo la Reumatología la especialidad que se encarga de tratar las enfermedades del aparato locomotor, formado por huesos, músculos y articulaciones.

b) La artritis no es una enfermedad importante.
La artritis es una enfermedad altamente incapacitante que afecta al desarrollo de las actividades de la vida diaria, tanto en el entorno familiar como en el laboral.
La mortalidad no es frecuente en estas enfermedades, pero ello no significa que en ciertos casos no se produzcan complicaciones en órganos vitales como el corazón, pulmones, riñones, etc., que provocan graves problemas de salud.

c) La artritis es una enfermedad de personas mayores.
La artritis reumatoide puede afectar a personas de cualquier edad, incluso a niños y jóvenes.

d) La enfermedad empeora con el clima.La artritis reumatoide es una enfermedad que se presenta en todos los lugares y climas del mundo.
Los cambios climáticos pueden influir en la percepción del dolor, pero no en la propia enfermedad. Esto se debe a que los cambios de presión atmosférica pueden notarse en las articulaciones, que son lugares herméticamente cerrados.

e) La causa de la artritis es la dieta.
No parece existir una clara relación entre la artritis y ningún alimento en particular que pueda provocar su aparición. La dieta no corrige ni cura la enfermedad.

f) Los medicamentos para la artritis son peligrosos.
Todos los medicamentos pueden tener efectos secundarios, pero si está autorizada su prescripción es porque son eficaces y seguros.
Utilizar los medicamentos prescritos por el reumatólogo nos permitirá controlar la enfermedad y evitar que siga avanzando. Lo que no debemos hacer es automedicarnos ni tomar medicamentos aconsejados por terceras personas.

Las terapias alternativas son aquellas que no se utilizan normalmente en la medicina convencional.

Son recomendadas por los profesionales médicos para complementar el tratamiento habitual al considerarse que pueden realizar una función beneficiosa en dicho tratamiento.

Algunas de las terapias alternativas que pueden ayudar a aliviar al dolor son:
– Acupuntura.
– Meditación.
– Técnicas de relajación.
– Masajes.
– Ejercicio basado en técnicas orientales como taichí, yoga o chi kung.
– Terapias de calor y frío.

Si utiliza una terapia alternativa o tiene intenciones de hacerlo debe comunicarlo a su médico

Es fundamental saber que las terapias alternativas no sustituyen a los medicamentos recetados por su médico.