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La Medicina en el Arte: Pintura – Las tres Gracias y una con artritis

franciscojaviertostado / 20/03/2017. Hoy os presentaré un detalle que para muchos de vosotros habrá pasado inadvertido del famoso cuadro de Las tres Gracias, de Rubens. Ya mencionamos en algún artículo del blog que la hija de Zeus (derecha) presenta una ulceración de su mama izquierda así como un enrojecimiento, un pezón retraído y unos pliegues en la axila afecta que indica un cáncer ya avanzado con afectación ganglionar, pero la figura que nos ocupa ahora es la de la izquierda, más concretamente en su mano deformada a consecuencia de la inflamación de las articulaciones por una artritis.

  • Las enfermedades articulares en la Historia. Lejos de pensar que son algo de nuestros días, son antiguas, muy antiguas, y tenemos evidencias de artrosis en esqueletos de hace casi 10.000 años e incluso en los de algunos dinosaurios. De hecho, podríamos decir que las encontramos desde los tiempos en que el hombre se puso de pie y comenzó a caminar erguido.

A pesar de existir, los fundadores de la medicina occidental como Hipócrates, Celso o Galeno no hablan de ella en ninguno de los escritos que se conservan, ni tampoco dedican ningún capítulo a las enfermedades reumáticas. Puede que el motivo se deba a que las enfermedades relacionadas con el envejecimiento no eran de mucho interés -pensad que la edad media en aquellos tiempos no superaba los 40 años-, además, sería más propia de esclavos, al realizar estos los trabajos más duros, y claro, estos no eran más que simples instrumentos al servicio de sus amos.

  • ¿Cómo las trataban entonces? Sin embargo, ya se las ingeniaban para aliviar los dolores articulares, como en el antiguo Egipto, que aplicaban ungüentos a base de grasa, aceite, médula ósea o miel, a los que se les añadía harina, natrón, cebolla, comino, inciensos… O como cuando el médico griego Dioscórides en el siglo I d. C. recomendaba hiedra para la artrosis de cadera, o más adelante en la historia, durante la Edad Media, corteza de sauce.
  • El síndrome musculo-esquelético. Será en siglo XVI con Andreas Vesalius que describe de forma sorprendemente moderna la anatomía y función de los cartílagos articulares, y aunque la palabra “reuma” se introdujo en el siglo I d. C., no será hasta la era moderna que aparecerá el concepto de “reumatismo” como síndrome musculo-esquelético.

En pleno siglo XXI la artrosis supone una auténtica epidemia, siendo la enfermedad reumática más frecuente. Un dato, una de cada cuatro personas presentará artrosis en alguna articulación de su cuerpo como resultado de alteraciones bioquímicas, biomecánicas y moleculares que se suceden en las células del cartílago articular. Es una enfermedad degenerativa con alta prevalencia y también con un importante impacto socioeconómico, que afecta por igual a ambos sexos aunque en las mujeres se presenta a edades más tempranas predominando en la rodilla y manos, y en la que la obesidad cuadruplica el riesgo de padecerla.

Decía antes que las enfermedades articulares eran cosa del pasado y del presente, ahora añadiría que también del futuro, ya que se calcula que solo en el caso de las mujeres dentro de treinta años casi la mitad de ellas se encontrarán en edad de menopausia y el dolor articular, aunque menos conocido que otros síntomas, afecta al 80% . Además, se supone que al inicio de la menopausia la mujer puede ganar entre 3 y 5 kg y ese aumento de grasa provoca inflamación y dolor articular, acelerando el deterioro articular el efecto de sobrecarga mecánica y también por mecanismos metabólicos, en los que la leptina, una hormona producida en su mayoría por los adipocitos (células grasas) tiene un papel importante.

A partir de los 50 años se produce una caída muy rápida de la biosíntesis del colágeno, la proteína más abundante del cuerpo humano y que representa el 95% de la composición de los cartílagos en las articulaciones (tipo I). Además, cuando se presenta una artrosis, el aporte de nutrientes a esa articulación se puede encontrar dificultada por la lesión e inflamación de la membrana articular.

  • ¿Cómo las tratamos ahora? Por fortuna la ciencia avanza y en lo que respecta al tratamiento de la artrosis podemos actuar a nivel no farmacológico (ejercicio aeróbico, empleo de calzado adecuado…) o con fármacos antiinflamatorios, que presentan efectos adversos, y más recientemente disponemos de “fármacos de acción sintomática lenta” que modifican la estructura frenando, reduciendo e incluso revirtiendo la destrucción del cartílago articular, como los glicosaminoglicanos (ácido hialurónico y dermatán sulfato, entre otros) que regulan los niveles de leptina, reducen la inflamación y mejoran los síntomas de molestias articulares, principalmente en la artrosis de rodilla. Y suplementos de colágeno, que prácticamente carece de contraindicaciones y efectos secundarios.

 

  • Otros ejemplos en la pintura. Son muchas las obras en las que el autor muestra extremidades afectas de enfermedades reumatológicas, algunas con claras deformidades en las manos como en “El nacimiento de Venus”, de Botticelli; “Los Donadores” (siglo XVI) pintado por Jan Gossaert; “El pintor y su familia” (siglo XVII) de Jacob Jordanes; el Portarretrato de Siebrandus Sixtius o el autorretrato de Pedro Pablo Rubens, por poner solo algunos ejemplos.

Fuente: Francisco Javier Tostado.

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